La historia del atún rojo del Atlántico

La gestión basada en la ciencia garantizará un futuro saludable

Atlantic Bluefin

© Richard Herrmann

Resumen

La historia del atún rojo del Atlántico es una historia de intriga, llena de drama internacional, conexiones con la mafia y giros de guion inesperados dignos de una película. El personaje principal, el Thunnus thynnus, es uno de los atunes más grandes y atléticos, que puede crecer hasta el tamaño de un coche pequeño y desplazarse a casi la misma velocidad también. Un atún rojo del Atlántico comienza teniendo un tamaño no superior al de una pestaña y crece hasta pesar varios cientos de kilogramos y medir más de 1,8 metros en menos de una década.

A diferencia de la mayoría de especies de peces, el atún rojo del Atlántico es de sangre caliente; el calor generado en su enorme musculatura natatoria le permite lograr una gran velocidad, una visión nítida y un proceso mental insuperables en el mundo de los peces. Se encuentran entre los principales depredadores del Atlántico; solo existen unas pocas especies que no comen, y muchas menos especies que se alimentan de ellos.

Las flotas de buques de pesca que navegan por el Atlántico, y que esperan amortizar el valor que tiene la especie en los mercados de sushi de Japón y los restaurantes de gran prestigio en todo el mundo, representan la mayor amenaza para el atún rojo del Atlántico. Los pescadores a menudo cobran más de 8000 € por un solo atún rojo del Atlántico justo en el muelle. El valor de un pescado de gran calidad en el punto de venta final puede ser de decenas de miles de euros. Estas transacciones se traducen en un gran negocio. Una reciente estimación estableció el valor del atún rojo del Atlántico en casi 170 millones de euros en el muelle en 2014, y en más de 650 millones de euros en el punto final de venta.1 Los expertos estiman que, kilo por kilo, esta especie es el atún más valioso del mundo y probablemente el pescado más valioso del océano Atlántico y el mar Mediterráneo.

Gestión inicial del atún rojo del Atlántico

La historia de la interacción de la humanidad con el atún rojo del Atlántico es larga; este atún lleva siglos formando parte de la tradición pesquera. Los cuadros renacentistas de pescadores europeos incluían el atún rojo. Las antiguas pesquerías con trampas para el atún rojo del Atlántico cuentan con una idealización romántica presente en el texto y el arte mediterráneos. El atún rojo está grabado incluso en las primeras monedas griegas.

Más recientemente, en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, la pesca de esta especie pasó a ser una empresa industrial y los esfuerzos por gestionar esa práctica pesquera se convirtieron en una necesidad para responder a los descensos de la población. En 1966, las naciones pesqueras formaron la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (CICAA), y desde entonces, los gobiernos que forman este organismo, por ahora 51 miembros, han estado tomando decisiones de gestión. A pesar de su mandato de garantía de la salud y la sostenibilidad de las poblaciones del atún del Atlántico, los gestores de la CICAA a menudo han establecido cuotas demasiado altas, en ocasiones en contra de las recomendaciones de sus propios científicos, en respuesta a las presiones económicas y políticas.

Los hábitos de las dos poblaciones distintas de atún rojo del Atlántico también dificultan llevar a cabo una gestión eficaz. Estos atunes se alimentan en las aguas productivas de las costas de Norteamérica, Europa y África. Una vez al año, los peces adultos llevan a cabo largas migraciones para poder reproducirse en aguas cálidas aptas para los huevos y las larvas. Desde sus zonas de alimentación, algunos atunes rojos del Atlántico nadan hasta el golfo de México, mientras que otros se dirigen al mar Mediterráneo. Los adultos se reproducen en su lugar de procedencia, lo que ha creado dos poblaciones genéticamente diferenciadas: la población oriental es mucho más grande que la occidental. La diferencia en el tamaño de la población, el hecho de que las dos se mezclan en sus zonas de alimentación y el gran valor de las especies en el muelle generan complejos problemas para los gestores.

 

La historia de la interacción de la humanidad con el atún rojo del Atlántico es larga; este atún lleva siglos formando parte de la tradición pesquera.

 

Ambas poblaciones del atún rojo del Atlántico se pusieron en peligro a finales del siglo XX. En la década de 1970, se permitió a los buques palangreros capturar demasiados atunes rojos gigantes mientras se reunían en el golfo de México para reproducirse. Al mismo tiempo, los buques cerqueros capturaron demasiados atunes rojos jóvenes en la costa este de Norteamérica. Los criaderos de atún rojo, donde los “criadores” engordan a pequeños atunes rojos del Atlántico hasta que alcanzan un tamaño más rentable en los cercados de malla, llegó al Mediterráneo en la década de 1990, y, por tanto, los buques cerqueros empezaron a capturar cada vez más peces jóvenes en las aguas europeas y del norte de África para abastecer estas operaciones. A principios de la década de 2000, algunos agentes con malas intenciones, en ocasiones apoyados por el crimen organizado, capturaron ilegalmente mucho más atún rojo del Atlántico, principalmente en el mar Mediterráneo, que el permitido por la ya inflada cuota.2

El valor extremadamente alto de esta especie, la falta de aplicación de las leyes vigentes y la promesa de beneficios a corto plazo fomentaron una cultura de sobrepesca y actividades ilegales que pusieron en riesgo el futuro de las pesquerías del atún rojo del Atlántico, y la existencia sostenida de esta emblemática especie.

Un punto de inflexión en la gestión

Las circunstancias cambiaron en 2009, después de que el príncipe Alberto II de Mónaco respaldara una propuesta para prohibir el comercio internacional del atún rojo del Atlántico bajo la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) de la fauna y flora silvestre. Solo entonces comenzó a mejorar la gestión de las pesquerías del atún rojo del Atlántico en respuesta a la presión de los defensores del medio ambiente y la atención mediática resultante. En aquel momento, los gestores empezaron a seguir el asesoramiento de los científicos, cambiando de postura para reducir considerablemente las cuotas para las dos poblaciones de atún rojo del Atlántico. La confianza en la gestión basada en la ciencia continuó durante los siete años siguientes. Como otro hecho positivo, la CICAA en 2016 tomó medidas para implementar un sistema de seguimiento de capturas electrónico indicado para ayudar a impedir que el atún rojo del Atlántico capturado ilegalmente llegase al mercado.

 

Después de que una revisión de rendimiento independiente llamara a la gestión de la CICAA una “desgracia internacional”, se tomaron las medidas clave para mejorar la gestión y recuperar las poblaciones que se habían mermado bastante.

 

Almadraba

La almadraba es un método antiguo de captura del atún rojo que consistía en un laberinto de redes que atrapaban el pez cuando entraba al mar Mediterráneo a desovar.

© Eleonora de Sabata/Blue Planet Archive

Actualmente

La evaluación de las poblaciones más reciente completada en el verano de 2017 indica que estos esfuerzos han tenido un impacto positivo en la población del atún rojo del Atlántico del este y el sector pesquero. El crecimiento de esta población entre 2009 y 2015 demuestra que la gestión basada en la ciencia funciona y que regenerar una especie, incluso aquellas que necesitan años para madurar y reproducirse, no tiene por qué ser un proceso largo y complicado. Los gestores de las pesquerías ahora deben resistir la tentación de aumentar notablemente las cuotas en respuesta a los primeros indicios de crecimiento, lo que podría crear un efecto yo-yo donde las poblaciones disminuyan otra vez como consecuencia. Además, la evaluación de la población oriental sigue llena de un alto nivel de incertidumbre científica, lo que subraya la necesidad de un enfoque altamente cautelar. Recientemente, los gestores decidieron aumentar la cuota oriental en más de un 75 % entre 2014 y 2017 y establecieron la cuota oriental de 2017 por encima del asesoramiento científico. Puesto que la nueva evaluación solo se basa en datos de 2015, el impacto de estas decisiones aún se desconoce.

Sin embargo, el panorama para la población occidental es menos claro. En 2014, los gestores decidieron aumentar la cuota en respuesta a los primeros indicios de crecimiento. No obstante, tres años más tarde, la evaluación más reciente sugiere que esta población de atún rojo es posible que aún necesite bastante tiempo antes de recuperarse. La evidencia sugiere que existen pescadores occidentales que están capturando grandes cantidades de atún rojo del Atlántico del este,3 lo que dificulta a los científicos discernir qué cantidad del crecimiento percibido y observado en el oeste podría realmente reflejar una recuperación en el este. De hecho, la cantidad de peces orientales capturados por pescadores occidentales podría estar enmascarando los descensos de la población occidental, una posibilidad que pone en peligro la viabilidad de esa población, que ya es mucho menor.

Sicilian fishermen

La almadraba es un método antiguo de captura del atún rojo que consistía en un laberinto de redes que atrapaban el pez cuando entraba al mar Mediterráneo a desovar.

© AP

Las implicaciones económicas de la sobreoferta

Además de las implicaciones ecológicas de capturar considerablemente más atún rojo del Atlántico en general, un estudio reciente concluía que un aumento rápido de la cuota para la población del Atlántico del este y el Mediterráneo podría reducir de forma notable el precio del atún rojo del Atlántico en el mercado mundial, así como el precio de sus valiosos sustitutos, como el atún rojo del Pacífico y el atún patudo.4 Incluso mientras se recupera la población oriental, es posible que no sea del mayor interés de los pescadores de atún rojo del Atlántico crear una sobreoferta en el mercado a través de aumentos grandes y prematuros en la cuota.

Protección de la recuperación a largo plazo del atún rojo del Atlántico

La CICAA necesita tomar algunas medidas adicionales para proteger el futuro de este emblemático pez y sus pesquerías asociadas. Los científicos de la comisión deben proporcionar un asesoramiento de gestión claro y significativo a los legisladores que tenga en cuenta la complejidad y la incertidumbre de sus valoraciones.

Los gestores, a su vez, deben seguir la ciencia y utilizar un enfoque cautelar al establecer las cuotas. Finalmente, la CICAA debe seguir realizando la transición hacia las “estrategias de captura” o los “procedimientos de gestión”, un enfoque más moderno para la gestión de las pesquerías. En lugar de negociar los límites de captura en respuesta a las evaluaciones de la población, los legisladores que implementan las estrategias de capturas definen una perspectiva a largo plazo para la pesquería, en la que se incluye la determinación de antemano de cómo responderán a los cambios en el estado de la población. Como se observa en otras pesquerías, el cambio de una gestión reactiva a una proactiva es menos costoso, menos político y más eficaz.5

La CICAA se ha comprometido a implementar estrategias de captura para el atún rojo del Atlántico del este y el oeste en 2018. La implementación puntual de estas estrategias será crucial para proteger las recientes ganancias de ambas poblaciones y encauzará a la CICAA por la senda para la proteger la salud a largo plazo de este emblemático pez y su pesquería.

 

Los próximos años son cruciales para el atún rojo del Atlántico. Sin embargo, si los científicos, los legisladores y las partes interesadas trabajan juntos para implementar los enfoques cautelares basados en la ciencia, el futuro del atún rojo del Atlántico estará asegurado durante muchos años más.

 

Conclusión

La historia del atún rojo del Atlántico se remonta a miles de años y el final aún no está escrito. Los próximos años serán cruciales; los científicos, los legisladores y las partes interesadas tendrán importantes funciones que llevar a cabo. Las decisiones de gestión realizadas este año afectarán a la salud futura de estas pesquerías. La CICAA debe seguir la ciencia, implementar enfoques cautelares y tomar decisiones transparentes que tengan en cuenta las posturas de todas las partes interesadas, incluidos los representantes de la sociedad civil. Si los gestores se comprometen con este enfoque, el futuro del atún rojo del Atlántico podrá asegurarse en todas sus variedades.

Notas finales

  1. Grantly Galland, Anthony Rogers y Amanda Nickson, “Netting Billions: A Global Valuation of Tuna” (2016), http://www.pewtrusts.org/tunavalue.

  2. Antonius Gagern, Jeroen van den Bergh y Ussif Rashid Sumaila, “Trade-Based Estimation of Bluefin Tuna Catches in the Eastern Atlantic and Mediterranean, 2005-2011”, PLOS One 8, N.º 7 (2013): e69959, https://doi.org/10.1371/journal.pone.0069959.

  3. Alex Hanke, Anna MacDonnell, Alex Dalton, Dheeraj Busawon, Jay R. Rooker y Dave H. Secor, “Stock Mixing Rates of Bluefin Tuna from Canadian Landings: 1975-2015” (2017), International Commission for the Conservation of Atlantic Tunas, SCRS/2017/021.

  4. The Pew Charitable Trusts, “Más atún no siempre es mejor” (2017), http://www.pewtrusts.org/es/research-and-analysis/fact-sheets/2017/09/more-tuna-isnt-always-better.

  5. The Pew Charitable Trusts, “Estudios de caso de estrategias de captura en pesquerías del mundo: Trazar el curso futuro de la ordenación del atún” (2016), http://www.pewtrusts.org/es/research-and-analysis/issue-briefs/2016/09/case-studies-of-harvest-strategies-in-global-fisheries.